domingo, 9 de diciembre de 2007

La isla


Aroma a serenidad, a tranquilidad. El sonido del mar, la visión de un cielo que podría ser el mismo en cualquier otro lugar, pero que no lo es. La brisa. Te contagia, te engancha rozándote la cara. Te abre los poros y… lo sientes.


Sientes el paraíso rodeado de volcanes, rodeado de mar. Pequeño desierto donde se encuentran los rincones más contrarios, los más bellos. Roca volcánica golpeada por un mar azul cristalino y lleno de vida. Tempestad marina cubierta por el más tranquilo y despejado de los cielos. Arco iris de atardecer tras las oscuras siluetas de los volcanes.



La luna se mira reflejada en ese mar y siempre te acompaña. Su mirada te ayuda, te guía y te dice cuál es el mejor de los lugares para contemplarla. Infinita, así es mi isla; su belleza la hace indescriptible hasta el punto en que se convierte en una joya.